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Siempre he creído que Dios entraba en nosotros a través de las moléculas de aire,  Dios entraba y salia de nosotros y en estas moléculas estaba la unión de todos los seres.

Me resultaba difícil concentrarme en el día a día en esa divinidad que está en todas partes, iba con mis pensamientos y me costaba centrarme en el momento presente.

Ahora gracias al coronavirus, que ocupa esas moléculas de aire, veo que salgo a la calle y está presente en mi pensamiento, en cuando toco algo, si respiro cerca de alguien.

Y me pregunto:

¿por qué ahora solo pienso en el virus?

¿Por qué no puedo centrarme en la divinidad?

¿Por qué creo más en el virus que en Dios, si son los dos invisibles?

¿Tengo miedo a la muerte? La muerte es inevitable.

¿Qué tengo que aprender con este encierro?

¿Qué estoy aprendiendo en estos momentos?

Estoy aprendiendo que nada es eterno, que un día tenemos todo y otro día lo podemos perder todo.

Veo quién de verdad tengo en mi vida, qué personas están a mi lado y cuales no.

Qué tengo en mi corazón, qué miedos.

Qué importante es el silencio.

Qué la serenidad y confianza solo está junto a Dios.